Son el producto más revalorizado en la última década: más de un 400%. Desde 1995, sólo en Europa, los coches históricos han movido 20.000 millones de euros, cifra que será minúscula cuando China entre definitivamente en el mercado. En España ya surgen fondos de inversión en automóviles. Ferrari, Mercedes y Porsche, los más codiciados.
Hay quien invierte en serigrafías de Warhol, sellos, denarios romanos o en las videoinstalaciones de ese artista incipiente al que ya conocen las celebrities y la aristocracia. Hay quien coloca capital en terrenos, vinos de guarda, lingotes de oro o purasangres que ganan en Dubai. Así que, ¿por qué no apostar fondos a coches clásicos, futuros iconos generacionales que se revalorizan cada día, revirtiendo esa depreciación inherente a los automóviles que salen del concesionario? En 2016 un Ferrari 335 Sport Scaglietti de color rojo, salido de fábrica en 1957, fue vendido en la casa de subastas Artcurial de París por 32 millones de euros, absoluto récord mundial. El anónimo comprador inglés se llevó uno de los cuatro que hay en el mundo, redoblado el precio y la leyenda del bólido por haber participado en la Mille Miglia de 1957 y establecido un récord de vueltas en Le Mans gracias a la pericia del mítico Stirling Moss. ¿Su valor dos años después? Agreguen cinco millones más…
Uniendo pasión, negocio y know how, Oriol Vilanova (Barcelona, 1976) se ha percatado del chance y ha apostado fuerte por este ¿nuevo? nicho mercantil. Junto a siete socios ha registrado Fund Drive, el primer fondo de inversión de automóviles que opera plenamente en nuestro país. Pionero, pues, y con el olfato listo para oportunidad de negocio con aroma a octanos y chasis de leyenda, argumenta con fe y claridad por qué acudir a esta inversión refugio de alta rentabilidad. «Primero porque es un valor tangible, que se puede tocar, y sobre todo, conducir. La principal desconfianza de muchas inversiones actuales es la complejidad y la abstracción: si inviertes en un coche que te apasiona puedes visualizar en qué estás depositando tu capital. Por eso el componente emocional es un plus, ya que da una enorme satisfacción apostar por un Bugatti de los años 30 o un Testarossa de los 80. Son los coches de nuestra juventud, o los coches de la juventud de nuestros padres y nuestros abuelos. Muchos quieren poseer los coches con los que soñaban cuando eran niños», arguye este empresario que fuera diseñador de automóviles para distintas marcas: Mercedes-Benz, Hyundai y Kia o Ferrari.